¿QUÉ ES MEJOR LA CALIDAD O LA CANTIDAD?

A quienes prefieran la calidad, les presento una serie de razonamientos y peguntas qué me he hecho y que todavía no tengo del todo claro. Aunque formé parte de la primera promoción, en España, de Auditores de Sistemas de Calidad ISO, siendo alumno y profesor al mismo tiempo, y haberme dedicado a asesorar a empresas que querían implantar un sistema de calidad ISO durante mi vida laboral, posterior a la experiencia adquirida en multinacionales en Alemania y España y a la obtención de la suficiencia investigadora para doctorarme en Psicología Industrial, sigo estudiando los pros contra de la alternativa planteada al principio.
¿Por qué después de haber sido cualificado y calificado como Auditor y Evaluador de Sistemas ISO, a lo largo de mi vida he aconsejado a mayor “cantidad” de empresas que no se certifiquen, que lo hagan?

He aquí algunas razones:

Las normas ISO nacieron de manera parecida a la partenogénesis de Atenea, en la mitología griega. De la cabeza de Zeus (la frente) después de haberse tragado a su madre. O sea algo así como nacen los hijos de los reyes, sin otro mérito que el de “descender” aunque normalmente se resisten a descender o a ser descendidos. Empresas e instituciones grandes son las que formaron los inicios de las ISO, (incluidas las armamentísticas), pero, como razonan en el libro Tamaño y vida, Mc Mahon y Bonner, las estructuras de un felino grande, cómo el tigre, no valen para para un gato, y viceversa. Frecuentemente, el embudo de las leyes (normas) establecidas por las grandes empresas, estados, o corporaciones, se aplican según la “ley del embudo” a los pequeños.

Actualmente estamos en ciernes de que se ciernan sobre los pequeños, los acuerdos secretos de la TTIP. En los cursos de extensión universitaria que organicé en la UNED, sobre temas de calidad, además de seleccionar a los ponentes procedentes de Universidades, convencí, a representantes de empresas de “calidad acreditada” por “cantidad” de usuarios, clientes y proveedores, pero que no tenían el certificado de calidad, para que explicara al auditorio que, la calidad no la da el sello, sino la estructura y funcionamiento de la empresa u organización. Saber que hay Estados que no tienen escrita una Constitución (Inglaterra) y tienen una democracia acreditada. Saber que hay organizaciones que han funcionado más de mil años sin burocracia escrita (Tribunal de las Aguas de Valencia). Conocer la historia de la Iglesia que tiene Manual de Calidad (Los Evangelios) Manual de Procedimientos (los Sacramentos), etc. y que, sin embargo, siguen teniendo y generando problemas en la sociedad, me acercaba a la convicción de que entre la “letra” (burocracia) y el “espíritu” (los ocho principios) de la calidad, podían darse disonancias cognitivas y/o éticas. Emplear esfuerzos, tiempo y dinero en certificaciones, es menos importante que dedicarlo a la “mejora continua”, entendido este principio, no como superación de la medida anterior, sino como que adelanta en velocidad al que lleva la sociedad circundante. Uno puede creer que mejora continuamente porque no para de mejorar, pero si la velocidad a la que mejora la sociedad, es superior, cada día puede estar más atrasado. La mejora continua no puede darse si se limita a una solo de los dos aspectos (estructura o funcionamiento). En la persona jurídica, influye la cultura de empresa, en la persona física, influye el cultivo personal.

 

The following two tabs change content below.

Ramón Ribes Noguera

Psicólogo en las especialidades de Clínica e Industrial Ex-Auditor de Sistemas de Calidad (ISO, EFQM, SA 8000) Ex-Profesor de psicología en la UNED
0 Comentarios

Contesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Contacto

Escríbenos, te contestaremos lo antes posible.

Enviando

©2018 KLEO Template a premium and multipurpose theme from Seventh Queen

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

o    

¿Olvidó sus datos?

Create Account